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FOTO: SCOTT ROKIS
#107 - Polémica en La Carrera de la Mujer
Si nunca habías oído hablar de la Cocodona 250, tranquila, no es que te hayas perdido algo de lo cotidiano. Es que esta carrera directamente no entra dentro de lo que la mayoría de personas considera "deporte normal". La Cocodona 250 es una ultramaratón de 253 kilómetros —sí, doscientos cincuenta y tres— que se celebra cada mayo en el estado de Arizona, y que une en línea recta (bueno, no tan recta) la ciudad de Black Canyon City con Flagstaff. De inicio a fin, sin vuelta. Sin repetir camino.
Como soy una persona curiosa (o cotilla, como mejor te venga llamarme), he estado mirando por qué se llama así la carrera. El nombre viene de mezclar "Coconino", el condado donde termina la carrera, con "Sedona", uno de los pueblos por los que pasa. Esa combinación ya te da una pista del tipo de paisajes que vas a atravesar: desierto de Sonora con sus saguaros gigantes, montañas mineras, los arcos de roca roja de Sedona, bosques de pinos ponderosa y volcanes. Básicamente, un resumen de lo más impresionante que tiene el suroeste americano, todo junto y de una vez. El recorrido pasa por pueblos históricos como Prescott, Jerome o Cottonwood, con un desnivel acumulado de casi 12.000 metros de subida y unos 10.000 de bajada, y una altitud que va desde los 600 metros hasta los 2.800. El terreno, digamos que no es muy “corrible”, ya que es una mezcla de singletrack, pistas dobles y algo de asfalto. La organización da a los participantes 125 horas para completarla, es decir, poco más de cinco días.
Visto así, el límite de tiempo puede sonar generoso, ¿verdad? Hasta que te das cuenta de que estamos hablando de correr el equivalente a casi seis maratones seguidas, por montaña, de noche, con frío, con calor, con sueño, con náuseas y con la cabeza pidiéndote que pares. La carrera se estrenó en 2021 y la organiza Aravaipa Running, que la concibió como una especie de gran tour de Arizona a pie. Desde entonces no ha parado de crecer en presencia internacional y en nivel de campo. Este año salieron cerca de 400 corredores en la línea de meta.
Y ahí es donde aparece Rachel Entrekin.
¿Quién es esta mujer?
Rachel Entrekin tiene 34 años, es de Birmingham, Alabama, y empezó a correr en la universidad mientras estudiaba Ciencias del Ejercicio. Su primer maratón fue en 2011 y, como ella misma cuenta, “fui aumentando el kilometraje y pronto hice el descenso a la locura”. Sacó el doctorado en Fisioterapia en 2016 y trabajó como directora de rehabilitación oncológica mientras entrenaba para distancias que ya entonces ponían los pelos de punta.

FOTO: SCOTT ROKIS
En 2023, pese a sus resultados, no consiguió ningún patrocinador y tuvo que recurrir a una campaña de GoFundMe para financiar su temporada. La verdad es que no es el tipo de historia que suele preceder a los grandes hitos del deporte.
En 2024 se presentó por primera vez a la Cocodona 250 y ganó la categoría femenina. En 2025 volvió, mejoró su tiempo en casi diez horas, batió el récord femenino del recorrido y terminó cuarta en la general. Ese resultado ya hizo mucho ruido. Pero lo de este año ha sido otra cosa.
Este año Rachel Entrekin no solo ganó la Cocodona por tercera vez seguida. Se convirtió en la primera mujer en cruzar la línea de meta en primera posición, por delante de todos. Hombres incluidos.
Y no fue cosa de la suerte ni de que los demás tuvieran un mal día. Tomó el liderato absoluto en torno al kilómetro 95 y de ahí no se movió. Durante más de 24 horas llevó media hora de ventaja sobre Kilian Korth, que no es un principiante que digamos.
Llegó a Flagstaff en 56 horas, 9 minutos y 48 segundos, cargándose de paso el récord absoluto del recorrido, que hasta ese momento era cosa de un hombre. Mejoró su propio récord femenino en casi ocho horas. Y lo hizo así, parando apenas unos minutos en cada avituallamiento y durmiendo a ratos de siete minutos.
Sí, siete minutos. Lo que tarda la mayoría de la gente en quedarse dormida en el sofá un domingo.
En la carrera también participaba Courtney Dauwalter, que con todo su palmarés es probablemente la referencia del ultrafondo femenino mundial. Terminó sexta en la general. Segunda entre las mujeres, pero a más de una hora de Rachel.
Y quizás lo más memorable de todo no fue el tiempo, ni el récord, ni haber dejado atrás a Courtney Dauwalter. Fue lo que dijo nada más terminar, con las piernas hechas polvo y más de dos días de carrera encima:
“Alguien tiene que ganar, así que ¿por qué no creer que puedes ser tú?”
Bueno, vale, así, fuera de contexto, puede sonar una frase de manual de autoayuda. Pero eso es lo que se repitió a sí misma durante 253 kilómetros de desierto, montaña y noche cerrada. Porque ella misma reconoció que salió con dudas. “Pensé que quizás estaba siendo una tonta”, dijo. Y aun así fue. Después añadió algo que vale la pena subrayar: “Las mujeres tendemos a convencernos de no intentar hacer cosas porque pensamos que no estamos cualificadas, o que no tenemos la experiencia suficiente. Pero ¿por qué no? ¿Por qué no intentarlo?”
Buena pregunta, Rachel. Buena pregunta.
A ver, voy a decir algo que igual no le gusta a todo el mundo y me llueven los mensajes negativos, pero creo que hay cosas que hay que decir aunque incomoden.
El domingo se celebró la Carrera de la Mujer en Madrid. 38.000 participantes, todo de rosa, un ambiente que desde fuera parece precioso. Y es que el propósito en sí me parece maravilloso, de verdad. Conozco a un montón de mujeres que empezaron a correr gracias a esta carrera (se apuntaron un año de casualidad, y desde entonces no han parado). Eso tiene un valor enorme y no quiero que se pierda en todo lo que voy a decir a continuación.
Pero mientras la gente corría el domingo, un grupo de activistas, de Femen y del colectivo Teta y Teta, se plantó en el recorrido para recordarnos algo que no sale en los carteles: las empresas detrás de este tipo de eventos mueven unos 10 millones de euros al año usando el cáncer de mama como reclamo, y luego donan menos del 1% a la investigación que supuestamente están apoyando.
Menos de un 1%.
Eso es lo que se llama pinkwashing: poner el lazo rosa en el logo, vender solidaridad, y llevarte el beneficio. Y lo peor no es que lo hagan, sino que funciona. Porque la gente que participa, gente con buena intención y que quiere aportar su granito de arena, no sabe que en realidad está siendo parte de una campaña de marketing.
Por cierto, que esta carrera ya tuvo su momento surrealista en 2023, cuando la ganadora se llevó como premio una Thermomix.
¡Una Thermomix!
No sé quién tomó esa decisión, pero dice mucho de cómo se entiende a las mujeres en todo esto.
Repito: no va contra las que corren ni contra el espíritu del evento. Va contra el sistema que convierte una causa real, ya que el cáncer de mama afecta a una de cada ocho mujeres en España, en un negocio redondo. Menos lazos y más inversión pública, por favor.
En este apartado te recomiendo series, artículos, podcast, libros o algo que me haya gustado por si te apetece verlo a ti:
🎬 Película: Ma ma, en RTVE Play. Cuenta la historia de Magda (Penélope Cruz) que tras recibir la noticia de que le diagnostican cáncer de pecho, intenta seguir con su vida de la mejor manera posible. Habla mucho de la maternidad, del amor y de cómo cambia todo de un momento a otro.
🎥 Entrevista: Yomif Kejelcha, la Revuelta. El segundo hombre en hacer un maratón en menos de dos horas pasó por la Revuelta, hablando sobre su vida como atleta, sobre el récord, sobre su futuro y la alimentación como corredor. Es una charla entretenida de ver.
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PD: ¿Cómo se dice náufrago en chino? Chin-chu-lan-cha.
SARA
FOTO: SOPHIE POWER