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  • Sara Gil Ramos y Rosa Ramos Alcántara
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    3. HUEVOS CON FARINATO
    21 de enero de 2026

    En el año 2017 corrí mi primer duatlón.

    La verdad es que no había entrenado para ello. Ni era algo que me llamara especialmente la atención, ni tenía intención alguna de hacerlo, ni —por supuesto— tenía la más mínima idea de lo que era una “transición”. Simplemente, un chico organizó un duatlón en mi pueblo aprovechando el fin de semana de las fiestas, y claro… ahí ya estaba todo el lío montado.

    Ha pasado tiempo y no recuerdo la distancia exacta, pero más o menos eran unos 3 kilómetros corriendo por el pueblo, unos 18 km en bici por los caminos de alrededor y, para rematar, 1,5 km más corriendo por las calles de Aldearrodrigo.

    En aquella época yo ya corría “bastante”, pero la bici… bueno, la bici no era lo mío. Aun así, pensé que no parecía una distancia exagerada y que, con paciencia, podría llegar a hacerla sin morir en el intento.

    Entre la motivación de varios amigos y mi familia, acabé apuntándome. Todo esto sabiendo que el finde de fiestas suele ser más de bailar, trasnochar y alargar la verbena hasta que apagan las luces, que de hacer deporte. Pero oye, una es joven y valiente (o inconsciente).

    Así que, aunque no era el mejor día para estrenarme en un deporte nuevo, hice la carrera.

    En la primera vuelta corriendo por el pueblo ya iba de las últimas, pero no era algo que me preocupara lo más mínimo. Mi único objetivo era acabar. Me daba igual el tiempo, la posición o cualquier otra cosa.

    Cuando terminé el primer segmento y llegué a la zona de transición, empezó el verdadero espectáculo. No tenía ni idea de qué iba primero: ¿Me cambio las zapatillas antes o después? ¿Cuándo me pongo el casco? ¿Puedo coger la bici sin casco? ¿Esto cuenta como transición o como improvisación?

    Novata total. Creo sinceramente que no me descalificaron porque les di pena.

    Ya en la bici, por los caminos del pueblo, aquello se me hizo eterno. Normal, cuando no estás acostumbrada, todo parece el Tourmalet. Detrás llevaba al coche escoba: dos señores del pueblo en una furgoneta, que me conocían de toda la vida y que iban animándome como si fuera la ganadora del duatlón.

    Después de 82328438 horas pedaleando (en mi cabeza fue exactamente así), llegué de nuevo al pueblo, lista para correr el último kilómetro y medio. Mis amigos, mi tío David y Alejandro, que ya habían terminado, me acompañaron un rato y me dejaron los últimos metros para entrar sola en meta.

    Llegué la última, sí. Pero te aseguro que fui la persona más feliz de toda la carrera.

    Todo el pueblo me animó y me dio la enhorabuena. Y aunque participaron varios amigos del pueblo, yo fui la única chica de Aldearrodrigo que corrió.

    Durante la entrega de premios hubo picoteo —así deberían ser todas las carreras, dicho sea de paso— y fue ahí cuando mis tíos me contaron que mi abuela había estado llorando mientras yo iba en bici.

    La pobre, al ver que todo el mundo llegaba menos yo, se puso nerviosa y pensó que me había pasado algo. Según ella, si yo estaba “todo el día corriendo”, no entendía cómo podía tardar tanto.

    El sábado mi abuela se fue.

    Mi abuela era de las que pensaba que el mejor recovery del mundo eran unos huevos con farinato. Nada de carbohidratos, ni batidos, ni polvos raros: comida “de verdad”.

    También creía que iba demasiado destapada para correr, “con el frío que hace en Salamanca”. Que tanto correr no podía ser bueno. Que se me iban a gastar las rodillas. Que mejor andar rápido, que es más sano. Y que correr por gusto… eso no era muy normal.

    Cosas de abuelas, supongo.

    Abuela, seguiré corriendo. Aunque no sea la más rápida, aunque no llegue la primera, aunque a veces llegue la última.


    RECOMENDACIONES SEMANALES

    En este apartado te recomiendo series, artículos, podcast, libros o algo que me haya gustado, por si te apetece verlo a ti:

    🎥 Serie: La viuda negra, en Netflix. Es un thriller basado en hechos reales sobre un crimen que pasó en Valencia en 2017. La historia empieza con el asesinato de un hombre y una investigación policial que, poco a poco, pone el foco en su esposa, Maje, una mujer aparentemente tranquila y sin motivos para levantar sospechas.

    📚 Libro: Últimos días en Berlín, de Paloma Sánchez-Garnica. El protagonista es Yuri Santacruz, un joven que huyó de la Revolución Rusa con su padre y terminó en el Berlín de los años 30. Pero no está allí por gusto: su gran motor es la esperanza de reencontrarse con su madre y su hermano pequeño, a quienes no pudieron sacar de Rusia. Yuri vive el ascenso del nazismo en primera persona mientras sigue muy pendiente de lo que pasa con el estalinismo en su tierra natal.

    ÚLTIMOS DÍAS EN BERLÍN


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    PD: -Buenas, quería una camiseta de un personaje inspirador. 

    -¿Ghandi?

    -No, mediani

    SARA

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