SAKURA
#097 - La primera que no pidió permiso
El fin de semana pasado se volvió a correr el Maratón de Tokio. Yo lo corrí hace dos años y es de esas carreras que se te quedan grabadas.
Tokio no es silencioso ni mucho menos. Es ruido, es energía, es miles de personas moviéndose a la vez, es esa mezcla de nervios y emoción que se nota en el ambiente desde antes de la salida. Está todo perfectamente organizado, sí, pero la energía es enorme. Te sientes pequeña y gigante al mismo tiempo.
La ciudad va cambiando a cada kilómetro. Pasas de rascacielos a avenidas interminables, de zonas súper modernas a otras más tradicionales. No te da tiempo a pensar demasiado. Cuando quieres darte cuenta ya estás en el 30 y empiezas a hacer cuentas mentales.
En Japón, en esta época, se habla mucho de sakura, la flor del cerezo. Dura poco, pero cuando aparece lo llena todo. Y el maratón tiene algo muy parecido: meses preparándolo para vivirlo en unas horas que pasan volando.
Hace unos años, Rosalía sacó “SAKURA”, una canción que habla de cambio y de aceptar que las etapas se transforman. Y cruzar la meta en Tokio tiene un poco de eso. No es algo perfecto ni épico todo el rato. Es intenso. Es real. Y cuando acaba, sabes que has cerrado una etapa y abierto otra.
Tokio dura un día. Pero lo que te deja, eso sí que se queda más tiempo.
La ganadora de la carrera fue la atleta keniana Brigid Kosgei, corredora que hemos nombrado muchísimas veces en esta newsletter ya que siempre es una de las favoritas para ser la ganadora de cualquier maratón. Esta vez, llegó a meta con un tiempo de 2:14:29.

Una vez más, la clasificación para poder saber el porcentaje de mujeres que hubo en carrera, no es fiable, por lo que no me atrevo a dar ningún dato.
Te dejo aquí mi crónica de hace ya dos años, yo reconozco que me he emocionado un poco volviendo a leerlo:
ALFONSINA STRADA
Con motivo del Día de la Mujer, que se celebra el 8 de marzo, me apetecía volver a mirar un poco hacia atrás. El año pasado os conté la historia de Charlotte Lottie Dod, que fue una adelantada a su tiempo en el deporte. Y este año quiero hablaros de otra mujer que hizo algo que, en su momento, parecía impensable.
Y este año quiero que conozcáis a Alfonsina Strada.
Alfonsina nació en Italia a finales del siglo XIX, en una familia humilde. De pequeña ya iba en bici por caminos que, en esa época, ni estaban pensados para que una mujer se subiera a una. Pero a ella le daba igual. Competía contra chicos, corría carreras locales y se ganaba la vida como podía gracias a la bicicleta.
En 1924 decidió hacer algo que nadie esperaba: inscribirse en el Giro de Italia.
Sí, el Giro.
Una de las carreras más duras del mundo y, por supuesto, solo para hombres. Se apuntó con su nombre abreviado para que no quedara tan evidente que era mujer y consiguió salir.
Cuando la organización se dio cuenta del “detalle”, el revuelo fue enorme. La prensa hablaba de ella como si fuera una rareza. La quitaron de la clasificación oficial, pero le permitieron seguir compitiendo fuera de concurso. Y lo más fuerte: terminó el Giro. En una época en la que muchas etapas superaban los 300 km, con carreteras en mal estado, sin la logística que existe ahora y con una presión social brutal encima.
No lo hizo para hacer historia (aunque la hizo). Lo hizo porque quería correr. Porque le gustaba competir. Porque no entendía por qué no podía estar ahí.
Durante años siguió vinculada al ciclismo, hizo exhibiciones, compitió cuando la dejaban y vivió siempre un poco al margen de lo que se esperaba de una mujer en ese momento.
Hoy nos ponemos un dorsal y lo vemos normal. Pero hace cien años no lo era. Antes hubo mujeres que se plantaron en una línea de salida cuando nadie las quería allí.
Alfonsina fue una de ellas.
No tenía apoyo, ni facilidades, ni permiso. Solo tenía claro que quería competir. Y lo hizo.
Nosotras hoy corremos porque queremos. Y eso, aunque ahora parezca obvio, es algo que otras tuvieron que abrir a base de insistir.
Por eso este 8 de marzo me apetecía recordar su nombre.

RECOMENDACIONES SEMANALES
En este apartado te recomiendo series, artículos, podcast, libros o algo que me haya gustado por si te apetece verlo a ti:
📧 Newsletter: Fimedsalud, de Aroa Olivares. Ella es fisioterapeuta, creadora de FIMED y FIMEDSALUD en su newsletter da consejos saludables para el día a día. Además, Aroa también estuvo en el podcast (episodio 78) porque ella también es corredora.
📺 Serie: Orphan Black, en Netflix. Una chica ve a su doble tirarse al metro, le roba la identidad y de repente descubre que es un clon. Y no solo eso, sino que hay un montón más como ella, cada una completamente diferente. A partir de ahí, las clones tienen que unirse para descubrir quiénes son, de dónde vienen y por qué alguien quiere controlarlas. Lo mejor es que una sola actriz interpreta a todas las clones, y lo hace tan bien que te olvidas por completo de que es la misma persona
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PD: Era un hombre tan gafe, pero tan gafe tan gafe que se sentó en un pajar ¡y se clavó la aguja!
SARA